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lunes, 25 de febrero de 2019

Clima Organizacional y su relación con la Productividad



Clima Organizacional y su relación con la Productividad

El Clima Organizacional puede ser un vínculo o un obstáculo para la productividad de una organización y el desempeño de sus trabajadores. Este mismo puede generar daños irreparables si no son detectados y solucionados a tiempo.
Muchas veces, erróneamente se llega a creer que entre mayor sea la exigencia mejores serán los resultados; o que se debe de mejorar y tener una mayor producción a costa de lo que sea y se olvida que aquellos que harán estas tareas en mayor o menor grado (olvidando las maquinarias), serán personas.
Se escucha y se lee cada vez más, que una persona motivada rinde más, y rinde más porque se siente bien consigo mismo y con todo aquello que lo rodea, llámese condiciones de trabajo, compañeros, jefes, etc.
Un trabajador muchas veces trabaja en lo que considera equitativo de acuerdo a lo que ”justamente” le está siendo proporcionado, pero muchas veces su rendimiento está muy por debajo de sus capacidades y no por falta de conocimientos o equipo de trabajo, sino por falta de motivación y el inadecuado clima que percibe.
Paul J. Meyer, un reconocido experto en el desarrollo profesional y personal afirmó: “La productividad nunca es un accidente, es siempre el resultado de un compromiso con la excelencia, la planificación inteligente y centrada en el esfuerzo” (Meyer).
Cuando un individuo puede encontrar dentro de los componentes de una organización una adecuación o una respuesta a sus necesidades, entonces se puede decir que estará satisfecho.
La productividad dentro de una empresa siempre será un problema si ciertos factores o causas no son resueltos. Podríamos enlistar un gran número de estas causas pero me basaré en las que considero más importantes y que a modo personal las he vivido o he visto reflejadas en mi experiencia. Esta opinión es propia más no es exhaustiva ni limitativa.
  • Largas jornadas de trabajo
  • Falta de Herramientas de Trabajo 
  • Ausentismo 
  • Falta de Capacitación Técnica y de Desarrollo Personal 
  • Rotación de Personal 
  • Estrés

Pueden parecer simples factores cuando se leen en voz baja, pero lograr conciencia de ello y a su vez evitarlos, es un trabajo arduo que implica la participación de toda la organización y principalmente de sus líderes.
Recordemos que la productividad básicamente es la relación entre la cantidad de bienes y servicios producidos y la cantidad de recursos utilizados, como por ejemplo: recursos monetarios, humanos, maquinaria y equipo, tiempo, etc.
Las empresas deben buscar que su personal busque la mejora continua, es decir, crecimiento personal, basado en esfuerzo y satisfacción por lo que están haciendo. Ser mejores que ayer, y mañana mejores que hoy.
La palabra productividad puede ser sinónimo de rendimiento y éste a su vez de utilidad. No olvidemos que cuando una empresa es productiva también será más competitiva, y por lo tanto su posición en el mercado externo tendrá mayor relevancia e importancia.

Fernando Durán de la Fuente

Consultor CLAVE

jueves, 9 de agosto de 2018

EL COSTO DE LA MANUTENCIÓN


EL COSTO DE LA MANUTENCIÓN




Existe clara dicotomía entre asistir personas que ya trabajaron, al menos en su vida productiva, adultos mayores se llaman, y asistir a personas que no producen absolutamente nada, ni en el estudio y tampoco en el trabajo. Una clara disfunción social asoma una clase que acerca la mano a la extensión del poder que en ruta itinerante sembró promesa y que pretende hacer realidad en el voto otorgado. Es claro el arribo comprometido en una realidad que disocia la realidad del país para adoptar la de la conveniencia del cambio. Este fenómeno aísla un mundo minoritario y lo arropa con paternalismo que confunde épocas de nuestra historia moderna. Tal vez el resultado en su interpretación práctica sea el mismo, la captura de sectores de la sociedad pero los fines no lo son: el campo mexicano es el mejor ejemplo. Por décadas se sostuvo una línea que iniciaba con programas de cultivo aprobados por zona, y de la semilla, suministrada por fuente oficial, hasta el crédito de los bancos agrícolas y ejidales, y la comercialización, protegido el esquema en su totalidad por seguro agropecuario, fundaba sus atribuciones en el sostén alimentario del país y metas de autosuficiencia. El esquema descrito mostró imperfecciones y vicios, pero era un intento desde las prerrogativas del poder, de hacer partícipe al sector rural de una aportación al producto de la nación. Podrá surgir la cara del clientelismo y la adhesión como crítica, pero era un esfuerzo de trabajo conjunto. Se trabajaba la herencia del reparto de tierra y se abonaba la mejor opción para ese camino que conocíamos como independencia alimentaria.

De programas de asistencia podemos llenar capítulos enteros y costosos en nuestra historia, podemos suscribir sin temor, cada uno de los episodios en los que los gobiernos han empeñado palabra y denuedo, simulación y partidas etéreas, proyectos y trascendencia irreales, cadenas de dispendio todas y consecuencias repartidas en las sucesiones y las miras que utilizan la óptica del presupuesto renovador de ideas y conceptos que inundan los brios del esfuerzo esperanzador, ciclo que cumple su arraigo con dinero nuevo, para sepultar los propósitos de lo que ya no fue y de los que ya no fueron en su encargo fallido. Nueva cara con dinero nuevo. Así hemos transitado, renovando y haciendo callar voces de protesta con presupuesto de conquista, con presupuesto aplacador y dominante.

Al parecer seguiremos esa ruta, tal vez en paralelo con los programas de asistencia que ya cubren el espectro de la necesidad, espectro que no necesita justificación ante la patente muestra de la carencia y el desamparo. Esa fase la conocemos de tiempo atrás, conocemos la afrenta y conocemos el respeto por disminuirla en años de lucha. Existe la lucha frontal, existe ese denuedo por combatir nuestra pobreza que asoma por debajo de la riqueza en nuestra infraestructura en grandes urbes en la nación entera. Existe como recuerdo de la disparidad del ingreso, como disparidad entre el privilegio y la ausencia no de todo, pero de una parte importante que no permite la convivencia. Esa parte crea un vacío, que aspiramos a llenar día con día.

Tenemos una gran diferencia con esa lucha rutinaria, de plena identificación,  llamémosla exitosa, por sus logros de décadas, que ya premian los organismos internacionales, los que vigilan nuestro esfuerzo. Se acortan las zonas marginadas en la educación, la que atiende el Consejo Nacional de Fomento Educativo, en salud, con programas de cobertura extensa y oportuna, en vivienda, con gran esfuerzo del Infonavit y otras instituciones de impulso carretero y de infraestructura de energía y otras necesidades comunitarias. En una oposición clara, el esquema que ahora tenemos en el horizonte es de plena recompensa al esfuerzo nulo, a la inacción, el premio a la supresión de la voluntad. La suma de beneficiarios, de la que se ignora un cálculo adecuado, para un país que se precia de sus estadísticas, de sus números, sin importar el acierto en la medida de sus carencias, reúne como cifra conspiradora un total aproximado de cinco millones. Tal vez constituya un programa de inicio, porque no sorprendería acumulación inusitada ante la franca dádiva, una vez en marcha. El efecto multiplicador de una política de esta naturaleza no solamente puede ser devastador, puede convertirse en privilegio diferenciado ante la nutriente juvenil que demuestra empeño y esfuerzo meritorio y una expectativa menor en materia de ingreso, dada la consideración de preparación y estudio. El repudio inmediato a los tiempos entre la dádiva pronta y el fruto natural de formación, puede convertirse en un agravante y provocar el abandono del mérito escalonado.


En otro espacio hemos hecho alusión al ahorro por el ahorro mismo, concepto equívoco de política económica; los espacios de ahorro no se descargan de un concepto para acomodarse en otro, sin consecuencias. La gran economía reúne sus planes y sus equilibrios, las grandes partidas presupuestarias no obedecen a situaciones de intención, porque pueden confundirse con ánimos de una sola ocurrencia y descuidar el horizonte del gasto público como responsabilidad ineludible. La ilusión de disminuir salarios, prestaciones, y un sinnúmero de partidas de gasto pueden repercutir en ahorros en el corto plazo, pero pueden ir en demérito de la eficiencia del Estado. Lo que podemos adelantar con lo ya enunciado en la premiación a los que nada hacen, no puede conducir a una ruta de avance del país. La carga que puede convertirse en una carga sin mesura ni contienda, no fija límites en su expansión y en la posible demanda sin control. La lógica entre la pensión a adultos mayores y la manutención a jóvenes sin provecho, pero sin estímulo, haciendo a un lado la conciencia social o la preocupación de destinos que no debe adoptar una nación como propios, discrepan de la mira social de las oportunidades, obligación de todo gobierno. No es semántica, es vicio de origen concebir una política sin rumbo. No debe convertirse una premura de alivio sin sustancia en cadena de dispendio sin frontera.

Manuel Torres Rivera
CONSULTOR

miércoles, 25 de julio de 2018

BLOQUES COMERCIALES Y ECONOMIA




BLOQUES COMERCIALES Y ECONOMIA





El fin de la segunda guerra mundial anunciaba sin duda la etapa de reconstrucción y el liderazgo de la economía norteamericana. Bretton Woods enmarcaba los acuerdos y fundación de instituciones que subsisten como estandartes del avenimiento de los países que deseaban no solamente paz, establecían lazos inquebrantables de intercambio y cooperación. Las décadas del resurgimiento descansaban en acuerdos sólidos que reforzaban fronteras otrora controvertidas y disputadas. Comercio era el vocablo que relucía en las salas de Washington, para anunciar al mundo la disposición de fondos y voluntad de entendimiento. El comando de los grandes capitales ya tenía residencia. Se cuestionaba poco cuando el derrumbe de los centros europeos añoraba el resguardo de años de opulencia y en muchos casos, dominio.

Esa transferencia de riqueza no se dio con territorio y recursos naturales en abundancia. El inventario de esa naturaleza rica en todos los órdenes hizo su gran dote en un protectorado de gran cuidado, y con una filosofía de acumulación sin límite; la prerrogativa del terreno brindaba oportunidades abandonadas en el viejo mundo de un siglo previo. Los avatares de poblaciones indígenas estaban resueltos, con la premisa única que conoció la fundación de una nación que crecía al amparo del designio divino. Nunca habría conflicto de etnias en esa tierra iluminada por profética ruta. El principio de acumulación se convirtió en dogma, en sino de actuación dentro y fuera de territorio que nunca adquirió mayor denominación que la unión de estados, y en eso quedó la intención de nación, en estados unidos por la voluntad de un puñado que debía enarbolar una misión, la del dominio.

Los años dieron cuenta de intervenciones y juicios en pronunciamiento claro de arbitraje por el simple hecho de tener el control del orden monetario internacional, bandera izada en 1944 en New Jersey, Bretton Woods otra vez, para remarcar el acuerdo del concierto de naciones del llamado mundo libre de entonces. El afán conciliatorio se tradujo en afán intervencionista con las prerrogativas concedidas por la modernidad que detentaba una nación rica y próspera en una libertad que proscribía las formas imperiales y la aristocracia derrotada en el otro lado de la tierra. El estandarte era claro, los motivos no. México fue testigo impertérrito de estos afanes.

La misión continuaba su camino, bajo una doctrina, la del convencimiento por la vía mercantil o la bélica, la que significó el camino más duradero para perpetuar su papel designado en el arbitraje y en la sentencia para conformar un orden universal de acuerdo al pensamiento americano. El convencimiento fue desplazado por las armas y de la guerra se hizo una verdadera economía de sustento interno. En ocasiones fue estimada como necesaria, por analistas e historiadores. También, el estímulo recibido en la industria y en la manufactura se convirtió en materia de estudio. Las intervenciones se justificaban en aras de libertad. El expansionismo no era tema central. La doctrina Monroe cubría el rescate de principios inalterables de libertad, interpretada por la América para América.


Los últimos treinta años han dado cuenta de trece intervenciones armadas, guerras, para abandonar eufemismos, de los Estados Unidos. El costo es de una cifra inimaginable, más de catorce trillones de dólares. Si comparamos el dispendio mencionado con los tratados comerciales, que trataron de llevar en paralelo, como nación líder en materia comercial, no se llegaría a una cuarta parte de ese total. Si añadimos la actual insistencia del gobierno actual en cerrar su economía y tratar a sus socios comerciales de otra época con un desdén sin precedente, entonces podremos situar conceptos de liderazgo o diluido o compartido. No existe acecho como tal en materia de comercio, existe capacitación, pero sobre todo prudencia, la que enseña el tiempo, para anticipar situaciones futuras en las oportunidades creadas por otros. Oriente, China en particular, con esa parsimonia en la que ha adoptado toda situación posible de tiempo milenario, en la medicina, en la astronomía, en la paciencia de la observancia y en la mesura del consumo, define su tiempo comercial, define su terreno en el dominio de prácticas asimiladas en el tiempo de otras naciones que caminaron con premura.

China estuvo atenta a la formación de bloques que se diseñaron para competir, al esfuerzo compartido de fuerzas, al afán de predominio y ventaja, que nunca descansa, al estudio de satisfactores materiales, a la transferencia de tecnología, y finalmente al traspaso de elemental subsistencia, el alimentario, para no descuidar premisas básicas para poder competir. Los años de formación de un régimen igualitario con incorporación parcial a las necesidades de occidente, han redituado en liderazgo indiscutible en reglas comerciales. Los componentes del costo de producción, los agregados de valor, adquieren una dimensión diferente de la occidental. Sus juicios de inversión no demandan retornos contemplados con la mira de superar tasas de mercado existentes. Su disciplina en el enfoque del ahorro es colectiva y no individual. Por tanto, su actuación en mercados, es altamente competitiva.

En estos días vivimos todavía en esa conformación de bloques, de tratados bilaterales y multilaterales. Vivimos en competencia, en sana competencia, hasta la imposición de aranceles recientes, que empujan a medidas que recomponen el daño de nuestra exportación mermada. Los móviles ya no ocultan promesas de campaña de un gobierno populista instalado en la primera potencia mundial, en la recomposición de un partido en el poder a la caza de elecciones y más cotos de poder en noviembre próximo. Así es la reacción de un gobierno, el norteamericano, con miras de confrontación comercial, evocando principios de dominio y situaciones que los llevaron a trece conflictos armados en las últimas tres décadas, que el mundo no olvida, especialmente los que sufrieron invasión en su tierra. Se asoma un escenario de liderazgo compartido con naciones que piensan diferente, pero que no desean la guerra, de ningún orden. México defiende su compás de espera, pero eso es, espera. Las enseñanzas de oriente dictan prudencia.



Manuel Torres Rivera
CONSULTOR